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Katu Arkonada
Katu Arkonada

Tiene un diplomado en Políticas Públicas. Exasesor del Viceministerio de Planificación Estratégica, de la Unidad Jurídica Especializada en Desarrollo Constitucional y de la Cancillería de Bolivia. Ha coordinado las publicaciones "Transiciones hacia el Vivir bien" y "Un Estado muchos pueblos, la construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador". Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

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Notas recientes

El 7 de febrero se celebran elecciones presidenciales y legislativas (137 asambleístas) en Ecuador. El candidato mejor colocado para ganar la elección es Andrés Arauz, candidato de la coalición Unión por la Esperanza (UNES). Arauz es el representante de la identidad política llamada correísmo, heredero de una revolución ciudadana a la que el actual gobierno intentó aniquilar y proscribir electoralmente.

Miércoles 6 de enero, una turba alentada por Trump y compuesta por diferentes sectores de la alt-right estadounidense asalta por la fuerza el Capitolio, y realiza una performance que mostraba la descomposición de un régimen incapaz de cohesionar la comunidad política de un imperio en decadencia.

Se termina un 2020 que nos deja como legado más de 82 personas contagiadas de Covid-19, y casi 2 millones de personas muertas por la pandemia.

Termina un año de crisis pandémica, y comienza una larga marcha de vacunación y crisis económica, con el desempleo creciendo y la producción y el turismo descendiendo.

Muerte de Chávez, guarimbas, órdenes ejecutivas que la declaran peligro para la seguridad nacional de Estado Unidos, bloqueos y embargos que se recrudecen con el impacto de una pandemia…lo que ha vivido Venezuela en 7 años no tiene precedente. Y todo ello sin que se pueda constituir una oposición democrática a la Revolución bolivariana y chavista, una oposición que básicamente es la misma desde 2002, golpista y guarimbera, sin propuesta alternativa de país.

El MAS-IPSP obtuvo en las pasadas elecciones 3’394.052 de votos, el 55’11% del padrón electoral, superando en 8 puntos y más de medio millón de votos los resultados de 2019. Por otro lado, Carlos Mesa obtuvo 8 puntos menos (pasó del 36’51% al 28’83%) y casi medio millón de votos menos que en 2019 (1’775.953).

No soy fan de la insaculación, la famosa tómbola, como método para escoger representantes políticos en las instituciones. Quizás sea un defecto por mi formación leninista, motivo por el cual tampoco considero que una encuesta que viene sesgada por el reconocimiento a uno u otro candidato sea la mejor forma de escoger al máximo dirigente del partido más grande de México.

En octubre de 2019, el Movimiento al Socialismo-Instrumento para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) con Evo Morales de candidato sacaba el 47’08% sobre poco más de 6 millones de votos válidos, con casi 11 puntos de diferencia sobre Carlos Mesa, segundo con el 36’51% de los votos. Tal porcentaje y diferencia le hacía ganar en primera vuelta, pero la operación de la OEA denunciando un fraude que nunca existió, y una revuelta de las clases medias urbanas con apoyo e impulso policial y militar, culminaba en un golpe de Estado que terminó de manera paradójica en las urnas con un porcentaje de apoyo al MAS superior (55%, 3.4 millones de votos) en octubre de 2020.

La misma semana que se hacía público un informe denunciando al gobierno venezolano por crímenes de lesa humanidad, realizado por una “Misión Internacional Independiente” que no llegó a pisar el país y se basó en testimonios opositores y redes sociales, el Secretario de Estado Mike Pompeo visitaba Brasil y Colombia para seguir alimentando la retórica contra la revolución bolivariana durante la campaña presidencial estadounidense, pero también en plena campaña electoral por las elecciones legislativas que tendrán lugar el 6 de diciembre en Venezuela.

La mayor potencia militar del mundo enfrente este noviembre sus elecciones presidenciales marcadas por dos hechos que combinados entre sí producen un escenario de consecuencias imprevisibles.