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Fernando Buen Abad
Fernando Buen Abad

Fernando Buen Abad Domínguez es mexicano de nacimiento, (Ciudad de México, 1956) especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Master en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSUR. Miembro de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos. Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Rector-fundador de la Universidad de la Filosofía. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas. Ha obtenido distinciones diversas por su labor intelectual, entre ellos, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar que otorga el Estado venezolano. Actualmente es Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride y del Instituto de Cultura y Comunicación de la Universidad Nacional de Lanús

51 Notas publicadas

Notas recientes

Es imposible imperializar una moneda sin imponer un super-valor simbólico que la envuelva. Además de la “confianza” económica que supone para “comerciar”, el dólar, en particular, ha sido barnizado con un valor de “status” histérico fabricado para inocularlo como fetiche y conjuro rayano en la irracionalidad y en el fundamentalismo de mercado. Una especie de “Dios” plenamente descrito, por ejemplo, con Ludovico Silva en su “Plusvalía Ideológica”. De una vez y por todas adelantemos vísperas contra los alegatos economicistas: Nada de la economía es ajeno a la política ni a la Cultura. 

No se puede decir lo que se venga en gana

En el odio de la clase opresora se coagulan -y sinceran- todas las patologías del capitalismo. Es uno de sus espejos más nítidos. Su trasparencia. Es odio “refinado”, que se ha sofisticado, instrumentalizado y maquillado (minuciosamente) hasta parecer, incluso, “amor al prójimo” o filantropía para anestesiar, con palabrerío moralista, instituciones y jurisprudencias, las insurrecciones populares. Mientras los odiadores ponen cara de “buenos”.


“No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar las banderas de la imaginación”. André Breton
 

En páginas interiores, el diario la Jornada de México publicó (7 de septiembre de 2019), una noticia inquietante por cuanto alude a la contratación de un nuevo exorcista ya que “reconoce el arzobispo que hay mucho trabajo para la expulsión de entes malignos”. Todo, desde luego, con la anuencia y, acaso la bendición, del Vaticano.[1]  

Una Revolución Cultural llamada Humanismo. Contra las desesperanzas y las depresiones, urge un Humanismo renovado en su carácter emancipador y movilizador.

Entregar información en el confesionario cumple un rol estratégico en el ejercicio del control social. Es una historia que tuvo etapas primeras como “confesión pública de pecados” inspirada, incluso, en antecedentes egipcios.

No se puede echar “campanas a vuelo” cuando se identifica una herramienta científica (o una disciplina), como la Semiótica, sin haber pasado revista a sus entrañas teórico-metodológicas y haber saldado algunos requisitos indispensables para saber al servicio de qué o quién se pondrá, en la teoría y en la práctica. La base de la producción de sentido está hoy en el debate Capital-Trabajo. 

Todo aquel sedimento semántico, que se expande en una comunidad, debe ser analizado tanto por sus efectos como por sus orígenes.

Una organización política que en su “agenda” no contenga, como prioridad de corto plazo, el desarrollo de una Política de Cultura y Comunicación, descolonizadora y transformadora, debe revisarse a fondo contrastándose con los hechos duros y crudos que han venido amenazando a las democracias en las décadas recientes.